POEMAS PARA ROMANTICOS


INMORTALIDAD

No, fue tan efímera la historia

De nuestro amor entre los folios tersos

Del libro virginal de tu memoria

Como pétalo azul esta la gloria

Doliente, noble y casta de mis versos.

No puedes olvidarme: te condeno

A un recuerdo tenaz mí amor ha sido

Lo más alto de tu vida, lo más bueno

Y solo entre los legamos y el cieno

Surge el pálido loto del olvido.

Me veras donde quiera: en el incierto

Anochecer, en la alborada rubia

Y cuando hagas labor en el desierto

Corredor, mientras tiemblan en tu huerto

Los monótonos hilos de la lluvia.

Y habrás de recordar Esa es la herencia

Que te da mi dolor, que nada ensalma

Seré cumbre de luz en tu existencia,

Y un reproche inefable en tu conciencia

Y una estela inmortal dentro de tu alma

ENSEÑAME EL CAMINO

¿ Que tiempo tienes tu para estar triste,

Si toda tu existencia es de los otros?

Jamás bajaste al fondo de ti misma,

E ignoras el océano

De claridad que llevas.

Espejo de tu alma, que apacible, copia

La santidad remota de los astros.

Pero tú no lo sabes.

Tú, en el ardor de caridad perpetua

Te derramas; tus penas

Son las penas del mundo; en tus entrañas

De mujer llora y ríe

La humanidad entera.

Cuando te extingas para siempre, acaso

Ni siquiera sabrás la luz que diste.

El cielo… y para que, si tu lo llevas

Dentro de ti Que goce puede darse

A quien realiza en todos los minutos

La suprema ventura

¿ Que visión beatificabais

A ofrecer a quien es uno mismo Con Dios?

OH, mi hermanita, mi hermanita,

Déjame contemplar tus tocas blancas,

Que irradian un fulgor de nieve pura

Entre la sombra de la estancia, donde

Agoniza el enfermo a quien asistes,

Y por quien amorosa te desvelas!

Déjame contemplar tus nobles canas,

Tus arrugas, que son como celestes

Surcos en donde el sembrador divino

Su simiente inmortal sembró…

Permite que me mire en tus claros ojos dulces,

Inocentes y castos, en que brilla

La promesa de transfiguraciones

Cercanas… ¡Santifíqueme en tu influjo!

Enséñame hermanita,

Enséñame el camino

Para llegar a Dios…

¡por la infinita

Soledad, yo te busco de continuo.

Con un alma viril… pero marchita,

Que su riego divino

Sobre todas las cosas necesita!

Enséñame hermanita,

Enséñame el camino…

EN PAZ

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida

Por que nunca me diste ni esperanza fallida

Ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;

Por que veo al final de mi rudo camino,

Que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

Que si extraje las mieles o la hiel de las cosas;

Fue por que en ellas puse hiel o miel sabrosas;

Cuando plante rosales coseche siempre rosas.

Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno;

¡Más tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Halle sin duda largas las noches de mis penas;

Mas no me prometiste tu solo noches buenas,

Y en cambio tuve algunas solamente serenas…

Ame, fui amado, el Sol acaricio mi faz.

¡vida, nada me debes! ¡vida, estamos en paz.

Amado Nervo

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